¿Quién es el P. José Kentenich?


El Padre José Kentenich es un sacerdote Alemán, que nació el 16 de Noviembre de 1885 en el pueblo de Gymnich.  Hijo natural de Katharina Kentenich.  Ella, debido a su trabajo y su mala situación económica, debe entregar a su hijo a un orfanato a los ocho años de edad.  Ese día, en un gesto que será clave para la vida del niño Kentenich, su madre lo encomendó a la Santísima Virgen María pidiéndole que sea Ella su educadora.  

En Septiembre de 1899, a sus 13 años, José Kentenich ingresó al seminario menor de los sacerdotes Palotinos.   Su formación en el seminario no fue sencilla ni fácil a pesar de tener excelentes notas.  Su personalidad obstinada y su obsesiva búsqueda de la verdad le trajeron numerosos problemas con las autoridades.  A esto se le suma una crisis religiosa influenciada por la religiosidad de la época, que apuntaba a separar lo natural (el mundo, las personas, la vida) con lo sobrenatural (Dios, la gracia, el mundo religioso).  Lo convierten en un hombre apegado a las ideas, individualista y sobrenaturalista. El 24 de Agosto de 1909 es aceptado para hacer sus votos perpetuos y el 8 de Julio de 1910, en Limburgo, es ordenado sacerdote.  

Los Padres Palotinos era una orden misionera, que realizaba su labor principalmente en África. José Kentenich no podía ser enviado como misionero por sus problemas de salud (en los pulmones), ya que las condiciones de vida y el clima no le permitirían vivir mucho tiempo.  Es por esta razón que comienza a tomar cargos de docente en la formación de los novicios durante sus primeros años de sacerdote.  

En 1912 asume el cargo de director espiritual del Seminario Menor entablando un vínculo de mucha cercanía con los seminaristas.  Les ofrece un programa de santificación basado en la autoeducación: bajo la protección de María llegar a ser personalidades libres, firmes y sacerdotales.  En 1914, un 18 de octubre, ante la cercanía de la primera guerra mundial (a la que varios seminaristas serían convocados) José Kentenich sella una Alianza de Amor entre la Santísima Virgen María y los congregantes en la antigua capillita del seminario menor: María se establecería en el santuario y educaría a los jóvenes en el camino de la santidad, y los jóvenes se encargarían de llevarle continuos regalos de amor.  Esta Alianza de Amor con María se convierte en el misterio de la fecundidad de Schoenstatt, y en la misión del Padre Kentenich en la Iglesia.

Su relación con los jóvenes, sumado a la íntima unión con la Santísima Virgen, son fundamentales para la superación de la crisis de su juventud.  Con los años va encarnando un estilo sacerdotal paternal, haciéndose maestro de los vínculos personales. 

Entre la primera y segunda guerra mundial el movimiento crece.  Muchos comienzan a peregrinar a Schoenstatt para conocer al P. Kentenich y entender el misterio de la capillita.  Comienzan a crecer los grupos de “Schoenstattianos” más allá de las fronteras del seminario menor. Son miles los sacerdotes que hacen retiros o jornadas en Schoenstatt.  En 1926 se funda las hermanas de María, quienes se ponen al servicio del movimiento.

En 1942, el Padre Kentenich es enviado al campo de concentración de Dachau por ser considerado enemigo del régimen Nazi.  En esa ocasión, guiado por una profunda confianza en Dios, no quiso acceder a la posibilidad de que un médico “conocido” lo declarará como no apto para ir al campo.  Ofreciendo su vida por la libertad de la familia.  En Dachau el P. Kentenich sigue trabajando por Schoenstatt, llevando el carisma del movimiento a personas de numerosos países.  En 1945 es liberado e inicia numerosos viajes al extranjero.  Ese mismo año viaja a Suiza, y dos años más tarde inicia el primero de sus viajes a Sudamérica.  En todos estos lugares se preocupaba de animar los grupos de Schoenstatt que iban naciendo.

El mensaje de Schoenstatt no siempre fue bien acogido y entendido en la Iglesia.  En 1952, luego de que el Padre Kentenich respondiera duramente a críticas que el movimiento recibía de parte de miembros de la Iglesia, es enviado al exilio a Estados Unidos.  Luego de 13 años, es llamado desde Roma y el Papa Pablo VI, al no encontrar razones de su exilio,  le permite volver a Schoenstatt.   Muere en este lugar el 15 de Septiembre de 1968, luego de presidir la eucaristía a más de 500 hermanas.   En su tumba está escrito “Amó a la Iglesia”, haciendo eco a su anhelo de servir a esta.  

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